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Actualmente no hay tratamiento curativo para la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, hay terapias farmacológicas (medicamentos) y terapias no farmacológicas (intervenciones psicosociales) que consiguen enlentecer el proceso de deterioro, procurando mantener el máximo tiempo posible la autonomía y las capacidades preservadas.

Entre los tratamientos farmacológicos (TF) destinados a paliar los efectos de esta patología existen varios principios activos que se comercializan: Donepecilo, Rivastigmina, Galantamina y Memantina.

 

Ante la ausencia de tratamientos farmacológicos eficaces para la cura, se ha extendido el uso de Terapias No Farmacológicas (TNF), intervenciones que buscan aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familias. Las investigaciones han demostrado que las TNF, combinadas con las TF, pueden ser tan efectivas, o incluso más en algunos casos, que el uso de fármacos por si solos para el tratamiento de algunos de los principales síntomas de esta enfermedad, mejorando la calidad de vida de las personas con demencia y sus cuidadores.

Desde ACIFAD apostamos por un tratamiento integral, tanto con actuaciones farmacológicas como no farmacológicas, ya que el mantenimiento de la salud física es tan importante como el manejo de los síntomas psicológicos y de conducta asociados al deterioro.

Es fundamental mantener a la persona estimulada y procurar evitar el aislamiento pues éste va a incidir negativamente en el proceso de demencia. El tratamiento debe incluir también a la familia cuidadora que representa un importante recurso a lo largo de todo el proceso. Además, debe ser personalizado, un tratamiento centrado en la persona atendiendo a su individualidad, historia personal y recursos del entorno; y continuado, apoyándose a la persona enferma y a su familia a lo largo de todo el proceso de la enfermedad.

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